Piso pélvico en la menopausia: síntomas, incontinencia, dolor sexual y ejercicios
La menopausia no solo implica cambios hormonales. La disminución de estrógenos y el envejecimiento afectan progresivamente distintos tejidos del organismo, incluido el piso pélvico, una estructura fundamental para la continencia urinaria y fecal, el sostén de los órganos pélvicos y la función sexual.
En este artículo explicamos qué es el piso pélvico, qué cambios pueden aparecer durante la menopausia y cómo la kinesiología de piso pélvico puede ayudar a prevenir y tratar problemas como la incontinencia urinaria, el prolapso y el dolor durante las relaciones sexuales.
¿Qué es el piso pélvico?
El piso pélvico es un conjunto de músculos, tejido conectivo, fascias y ligamentos que se encuentran en la parte inferior de la pelvis. Su función es mucho más amplia que simplemente "sostener" los órganos.
Entre sus principales funciones están:
- Sostener la vejiga, el útero y el recto.
- Participar en el control de la orina y las deposiciones.
- Ayudar a controlar la salida de gases.
- Responder frente a aumentos de presión abdominal, como al toser, estornudar, reír, saltar o levantar peso.
- Participar en la función sexual y el orgasmo.
- Contribuir a la estabilidad y coordinación de la zona abdominal, lumbar y pélvica.
En la mujer, el piso pélvico está atravesado por tres estructuras: la uretra, la vagina y el ano.
Por eso, cuando estos músculos o los tejidos que los rodean presentan alteraciones, pueden aparecer síntomas urinarios, intestinales, sexuales o relacionados con el sostén de los órganos pélvicos.
¿Qué ocurre con el piso pélvico durante la menopausia?
La menopausia es una transición natural del ciclo vital y no una enfermedad. Sin embargo, los cambios hormonales asociados a esta etapa pueden modificar las características de distintos tejidos.
Con el envejecimiento y la disminución de estrógenos pueden producirse cambios en el colágeno, la elastina, la musculatura y los tejidos conectivos. Esto puede favorecer algunas disfunciones del piso pélvico, aunque no significa que todas las mujeres vayan a desarrollar estos problemas.
Además de la edad y los cambios hormonales, existen otros factores que pueden aumentar el riesgo.
Factores de riesgo para la debilidad del piso pélvico
Entre ellos se encuentran:
- Embarazos.
- Partos vaginales.
- Desgarros perineales.
- Episiotomías.
- Partos instrumentales.
- Sobrepeso u obesidad.
- Actividades que generan un aumento importante de la presión intraabdominal cuando no existe una adecuada coordinación muscular.
- Envejecimiento.
Esto no significa que haya que evitar el ejercicio. Al contrario: la actividad física es importante para mantener la salud muscular y general. Lo relevante es aprender a utilizar correctamente el piso pélvico y coordinarlo con la respiración y la musculatura abdominal y lumbar.
Piso pélvico e incontinencia urinaria
Uno de los problemas más conocidos relacionados con el piso pélvico es la incontinencia urinaria.
Cuando los músculos y tejidos que participan en el cierre de la uretra no funcionan adecuadamente, pueden producirse escapes de orina, especialmente cuando aumenta la presión dentro del abdomen.
Por ejemplo:
- Al toser.
- Al estornudar.
- Al reír.
- Al saltar.
- Al correr.
- Al levantar peso.
Este tipo se conoce como incontinencia urinaria de esfuerzo.
Pero no todos los escapes de orina tienen el mismo origen. También existe la incontinencia urinaria de urgencia, asociada a una necesidad repentina e intensa de orinar que puede resultar difícil de controlar. En estos casos pueden intervenir otros mecanismos relacionados con la vejiga y no solamente la debilidad muscular.
Por eso es importante identificar correctamente el tipo de incontinencia antes de comenzar un tratamiento.
¿La menopausia aumenta el riesgo de prolapso?
El prolapso de órganos pélvicos ocurre cuando estructuras como la vejiga, el útero o el recto descienden de su posición habitual debido a una alteración de los tejidos que los sostienen.
Una forma sencilla de entenderlo es imaginar el piso pélvico como una hamaca que sostiene los órganos pélvicos. Si los músculos y tejidos de soporte pierden capacidad de sostén, estos órganos pueden comenzar a descender.
La menopausia y el envejecimiento pueden contribuir a este proceso, pero el prolapso no es inevitable.
El embarazo, los partos, el sobrepeso y otros factores también pueden influir.
En casos leves, determinadas estrategias de rehabilitación pueden ayudar a mejorar los síntomas y la función. Cuando existe un prolapso avanzado, puede ser necesario valorar otros tratamientos, incluida la cirugía.
Piso pélvico y sexualidad durante la menopausia
El piso pélvico también participa en la respuesta sexual femenina. Las contracciones de esta musculatura forman parte del orgasmo, por lo que una alteración de su función puede influir en la experiencia sexual.
Sin embargo, durante la menopausia existe otro factor importante: la disminución de estrógenos puede producir cambios en los tejidos vaginales.
Entre ellos:
- Menor lubricación.
- Sequedad vaginal.
- Mayor fragilidad de las paredes vaginales.
- Pérdida de elasticidad.
- Atrofia vaginal.
- Estrechamiento vaginal en algunos casos.
Estos cambios pueden favorecer la aparición de dispareunia, término médico utilizado para describir el dolor durante las relaciones sexuales con penetración.
El dolor sexual durante la menopausia es frecuente, pero no debería considerarse algo que una mujer simplemente tiene que soportar.
¿Qué puede hacer la kinesiología de piso pélvico?
El tratamiento depende de la causa del problema. No existe un único ejercicio o protocolo que sirva para todas las mujeres.
En caso de incontinencia urinaria
Cuando existe debilidad de la musculatura, el entrenamiento del piso pélvico puede ser una herramienta fundamental para mejorar la fuerza, resistencia y coordinación muscular.
En caso de dolor durante la penetración
Aquí es importante hacer una distinción.
Los ejercicios de fortalecimiento, como los ejercicios de Kegel, no siempre son apropiados.
Si el dolor está relacionado con una musculatura excesivamente tensa o hiperactiva, fortalecerla todavía más puede no ser la estrategia adecuada.
En estos casos, la rehabilitación puede incluir:
- Técnicas de liberación miofascial.
- Trabajo sobre puntos de tensión muscular.
- Ejercicios de relajación y control muscular.
- Dilatadores vaginales de tamaño progresivo.
- Educación sobre anatomía y respuesta sexual.
- Trabajo sobre la movilidad y las características de los tejidos.
El objetivo es disminuir el dolor y recuperar progresivamente una función cómoda.
¿Qué son los ejercicios de Kegel?
Los ejercicios de Kegel son contracciones voluntarias de la musculatura del piso pélvico.
Pueden utilizarse para entrenar esta musculatura, especialmente en determinados casos de incontinencia urinaria.
Sin embargo, hay un error bastante frecuente: intentar entrenar el piso pélvico interrumpiendo el flujo de orina durante la micción.
Esto no debería utilizarse como método habitual de entrenamiento. La micción debe realizarse normalmente y el entrenamiento del piso pélvico debe hacerse fuera del momento de orinar.
Además, una contracción correctamente localizada no debería implicar una tensión innecesaria de otros músculos, contener la respiración o realizar movimientos compensatorios.
¿Cómo saber si estoy contrayendo correctamente el piso pélvico?
La localización correcta puede ser difícil, especialmente si nunca se ha trabajado esta musculatura.
Una contracción adecuada debería poder realizarse sin:
- Contener la respiración.
- Contraer excesivamente los glúteos.
- Juntar las piernas como compensación.
- Empujar o abombar el abdomen.
- Elevar la pelvis.
- Generar tensión innecesaria en otras zonas.
Por este motivo, una evaluación profesional puede ser especialmente útil para aprender a identificar y coordinar correctamente la musculatura.
¿Todas las mujeres deberían entrenar el piso pélvico?
El piso pélvico es musculatura y, como cualquier otro grupo muscular, puede beneficiarse de un entrenamiento adecuado.
La prevención es especialmente relevante porque muchas mujeres comienzan a prestar atención a esta zona únicamente cuando aparece un síntoma: escapes de orina, sensación de peso vaginal, dolor sexual o dificultades para controlar gases o deposiciones.
Pero entrenar el piso pélvico no significa hacer Kegel indiscriminadamente. Primero hay que saber cómo está funcionando la musculatura.
Una mujer con debilidad puede necesitar fortalecimiento, mientras que una mujer con un piso pélvico excesivamente tenso puede necesitar aprender a relajarlo.
Piso pélvico y dolor sexual: por qué no siempre hay que fortalecer
Este es uno de los puntos más importantes.
Ante dolor durante la penetración, no es recomendable asumir automáticamente que existe "debilidad" y comenzar a hacer ejercicios de Kegel.
La musculatura puede estar demasiado contraída. En ese escenario, el problema no es que falte fuerza, sino que falta capacidad para relajarse y coordinarse adecuadamente.
Además, la sequedad y la atrofia vaginal asociadas a la menopausia pueden hacer que los tejidos sean más sensibles y vulnerables a pequeñas lesiones.
Por eso, el tratamiento puede requerir un abordaje combinado y una evaluación médica cuando corresponda.
La importancia de conocer la vulva y el propio cuerpo
Otro aspecto relevante de la salud pélvica es el autoconocimiento.
Vulva y vagina no son sinónimos. La vulva corresponde a los genitales externos, mientras que la vagina es el canal interno.
Conocer la anatomía permite identificar mejor cambios, molestias o síntomas y facilita hablar de ellos con los profesionales de salud.
También es importante comprender que el clítoris no es únicamente la pequeña estructura visible externamente. Su anatomía se extiende internamente y participa de manera fundamental en la respuesta sexual.
Conocer el propio cuerpo puede ayudar a reconocer qué es normal para cada mujer y qué cambios deberían ser evaluados.
¿Cuándo consultar por un problema de piso pélvico?
Conviene consultar cuando aparecen síntomas como:
- Pérdidas de orina.
- Pérdidas de gases o deposiciones.
- Sensación de peso o presión en la pelvis.
- Sensación de que algo "baja" o sale por la vagina.
- Dificultad para vaciar la vejiga.
- Problemas para controlar la orina.
- Dolor durante las relaciones sexuales.
- Sequedad vaginal persistente.
- Dolor pélvico.
- Cambios importantes en la función sexual.
Estos síntomas no deberían normalizarse simplemente por tener cierta edad o haber pasado por la menopausia.
La evaluación puede involucrar a un ginecólogo, urólogo, coloproctólogo, gastroenterólogo u otro profesional, dependiendo de los síntomas. Cuando está indicado, estos especialistas pueden derivar a kinesiología especializada en piso pélvico.
¿Cómo es una evaluación de kinesiología de piso pélvico?
La primera parte del tratamiento suele centrarse en la evaluación y la educación.
El profesional puede preguntar por aspectos que a veces resultan difíciles de conversar, como:
- Cómo y con qué frecuencia se orina.
- Si existe sensación de vaciamiento incompleto.
- Hábitos intestinales.
- Dificultades para evacuar.
- Pérdidas de orina, gases o deposiciones.
- Dolor pélvico.
- Dolor durante las relaciones sexuales.
- Lubricación.
- Síntomas relacionados con la menopausia.
Cuando corresponde, también puede realizarse una evaluación física de la musculatura del piso pélvico.
El objetivo es entender qué está ocurriendo antes de decidir qué ejercicios o técnicas utilizar.
El piso pélvico se puede entrenar a cualquier edad
Uno de los mensajes más relevantes es que nunca es demasiado tarde para trabajar la función del piso pélvico.
La edad no impide que una persona pueda mejorar su fuerza, coordinación y control muscular. El tratamiento dependerá del estado de los tejidos y del problema específico, pero la rehabilitación puede ser útil incluso cuando los síntomas llevan tiempo presentes.
La menopausia tampoco debería significar resignarse a vivir con incontinencia, dolor sexual o molestias pélvicas.
En resumen
El piso pélvico cumple funciones esenciales en la continencia, el sostén de los órganos pélvicos y la sexualidad. Durante la menopausia, los cambios hormonales y el envejecimiento pueden favorecer determinadas alteraciones, pero no todos los síntomas son inevitables ni deben normalizarse.
La clave es identificar correctamente el problema. La debilidad puede requerir fortalecimiento; la tensión excesiva puede necesitar relajación y liberación; y los cambios vaginales asociados al déficit de estrógenos pueden requerir además tratamiento médico específico.
Si existen síntomas como incontinencia, sensación de prolapso, dolor durante las relaciones sexuales o dolor pélvico, lo recomendable es solicitar una evaluación profesional en lugar de comenzar ejercicios por cuenta propia.